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La Coctelera

Los espejos.

Estoy en un parque de atracciones. Está medio abandonado. Por alguna extraña razón me adentro en la casa de los espejos. Es como si una voz me impulsara a entrar en aquel lugar.

Una vez dentro, paso por delante de uno en el que mi reflejo era increíblemente más estirado. Entonces escucho que me dice: "No importa lo que te digan los demás espejos, lo que yo te muestro es lo que realmente eres"

Paso por delante de otro en el que aparece reflejado mucho más achaparrado y grueso de lo que soy.

-¿De veras hiciste caso al larguirucho? - ríe descarado el reflejo - No le hagas ni puñetero caso. Lo que estás mirando es lo que realmente eres...

Desorientado, doy unas cuantas vueltas a mi alrededor hasta que me doy de bruces con un espejo que me muestra un reflejo de mí pero más delgado y más atractivo que yo.

-¿Para qué hacer caso a los otros cuando tú sabes que lo que te estoy mostrando es lo que realmente eres? - me dice con voz voz entre sarcástica y burlona.

Entonces yo le contesto:

-Sé que lo que me muestras es una ilusión puesto que exteriormente no soy como me lo presentas. Pero hay un lugar dentro de mí en el que tú no eres ni la sombra de ti mismo.

En ese momento desaparecen todos los espejos.

Aparece un espejo de marco dorado.
Lo miro absolutamente maravillado, puesto que lo que allí veo es la perfección hecha carne. En un momento de cordura comprendo que eso que se me está mostrando y que casi escapa al entendimiento es el reflejo de lo que yo realmente soy y que está en una habitación que algunos llaman alma, otros corazón... tiene múltiples nombres.

Pero el milagro no termina ahí. Extiendo los brazos hacia el espejo y entonces, misteriosamente, el reflejo no era tal, puesto que veo cómo los brazos del otro se extienden también hacia donde yo estoy. Acabamos fundiéndonos en un profundo abrazo y desde entonces no me he vuelto a sentir solo.

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