Me siento enfermo y cansado de andar de acá para allá. Reconozco que he cometido mis errores, que he dejado desaprovechar oportunidades que nunca jamás volverán a darse, pero empiezo a estar un poco desesperado y desesperanzado. Por más ofertas de trabajo que contesto y por más entrevistas de trabajo a las que asisto, nadie parece creer en mí. Es algo muy duro cuando realmente quieres algo, que se te cierren las puertas delante de tus narices porque no tienes la experiencia suficiente, no tienes el físico que a ellos les gustaría o no estás dispuesto a aceptar sin concesiones lo que te ofrecen. Sé que debería de haberme movido mucho antes, pero ahora que estoy empezando a experimentar algo real en mi vida, se me cierran las puertas del exterior. Ahora que intento dar mis pasos, me zancadillean por todas partes. Ya no sé qué hacer. Estoy bastante harto de que los seleccionadores de personal me echen para atrás por el motivo más estúpido. Harto de que se queden en la superficie. De que como no vean si pueden pillar algo de ti, simplemente te dan de lado, sin darte más opción que o mendigar o quedarte en casa de tus padres. Aunque sé que esto último lo hace mucha gente por otro motivo, incluso los que tienen trabajo y podrían permitirse aunque sea un pisito de cincuenta metros cuadrados, pero ese es otro tema. ¿Por qué se denigra a los que realmente valen y se ensalza a los mediocres?
¿Por qué los que ocupan los puestos más altos suelen ser los más ineptos a la hora de trabajar? ¿Por qué no se valora lo suficiente a la gente que mantiene
nuestros parques y jardines y se paga una fortuna a los constructores y arquitectos que los destrozan?
Seguramente alguien sabe las respuestas, pero no quiere contestar a las preguntas porque sabe que nos daría el poder para desestabilizar el sistema en el que él está tan de puta madre mientras el resto lo pasamos fatal. Lo malo es que nos hemos amoldado a lo que hay, no nos atrevemos a dar un paso más y plantarle cara a un sistema que es más peligroso de lo que parece. Como sigamos de brazos cruzados, un día todo esto explotará y nos quedaremos preguntándonos qué es lo que ha pasado. Yo no me resigno a pasarme el resto de mi vida cruzado de brazos. Yo quiero luchar y los que se quieran sumar, bienvenidos serán. Una lucha en varios frentes en la que seguramente habrá bajas en ambos bandos, pero en la que estoy seguro que si somos los suficientes, podríamos derribar este sistema podrido y lleno de gusanos en el que vivimos. ¡Arriba hermanos! ¡No desfallezcáis! Nuestro día está cerca.




1 comentario
septiembre
22 oct 2005 | 11:46 AMNunca hay que rendirse. Todos tenemos malas rachas pero hay muchos motivos para seguir luchando y desde aqui te mando fuerza para que continúes intentando encontrar tu hueco.
un abrazo