Quiero dar las gracias a todos aquellos músicos que empiezan en este mundillo cada vez más saturado de grupos que suenan igual, de solistas que
no tienen miedo de experimentar aunque luego se den la hostia padre. Gracias a los productores por apostar por esta gente que está renovando la savia del árbol de la música, que falta le iba haciendo. Desde aquí quiero mandar mi apoyo a todos los que han empezado con la cruzada contra las grandes discográficas que pretenden anquilosar este mundo, olvidando que los seres humanos ya hacían música e interpretaban canciones, mucho antes de que existieran ellas y los grupos de "gestión de los derechos de autor" como la SGAE española o la RIAA estadounidense. Pero no estoy aquí para hablar de los buitres de la cultura. Estoy aquí para hablar de la importancia que ha tenido desde siempre la música en el ser humano.
Estoy convencido de que ya en la antigüedad, casi en los albores de la Humanidad, cuando vivíamos en cuevas y nos tapábamos con las pieles de los mamuts, existía la música. Y si no la música, la base de lo que luego sería. Es más, conozco a alguien que afirma que el ser humano primero cantó y después habló. Pero eso es solamente una conjetura de alguien de nuestros días que no asistió a tal evento.
Cuando oigo buena música, soy capaz de visualizar los colores que contiene esa voz que estoy escuchando simplemente con cerrar los ojos. Por ejemplo, con Buika, a la que he dedicado el artículo anterior, me viene la tranquilidad del azul mar en un día de quietud casi total. Eso y un amanecer rojo que lo inunda todo con su luz cálida, pero sin llegar a quemar.
Sin embargo cuando escucho música electrónica, en especial "dance", "house" o algún otro de ese estilo, lo único que me vienen a la cabeza son imágenes de gente empastillada y alcoholizada que lo único que hace es pegar botes dentro de una discoteca. La fría luz de los neones y de los lásers, las gogos calienta braguetas que miran desde su plataforma cómo los babosos de turno se les quedan mirando...
Todo es tan frío y mecánico en este mundo nuestro... Pero como he dicho, menos mal que todavía existen pequeños destellos de genialidad que nos hacen creer en que un mundo mejor es algo más que una utopía.
Sin esos pájaros luminosos que dejan tras de sí una estela de maravilla constante en forma de notas musicales, este mundo se habría ido a hacer puñetas mucho antes. Gracias a ellos, mi mundo no es tan gris. Gracias por la música. Gracias por no desfallecer. Gracias por la entrega demostrada en los conciertos; por hacernos vibrar con vuestras notas y transportarnos a lugares maravillosos. Gracias por existir, porque si no estuviérais, nuestro mundo sin duda se hubiera desmoronado hace mucho tiempo ya.




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